miércoles, 30 de septiembre de 2009

Topísimos

Este es el último trimestre en el que todavía no voy a estar tan pesada como para desplazarme.

Y una vez que me "desmorce" (desmorzar: nuevo término que indica dejar de ser una morsa) con excepción de la veces que Mami cuide a Mini me son las últimas veces que vamos a poder tener Girls Nights Out.

El viernes fui a trabajar, luego a la facultad, de la que huí una hora antes dado el aburrimiento extremo e indignación que me produce la materia.
Huí. Caminé cuesta arriba por Garay hasta llegar a Bolívar. Doblé. Pasé por debajo de la autopista pegadita a unos chicos que parecían decentes. Caminé 2 cuadras más y llegué a la casa de Manuela.
Dos personas tocaban timbre desaforadas. Les explico que el portero no funciona. Manuela me había alertado y ya le había avisado que baje por celular.

Subimos. Charlamos. Le pido crema para mi panza, ese día tenía un ataque de picazón extrema.

Fuimos a comer al pequeño restaurant árabe de la vuelta de su casa. Le cuento cómo extraños y semi-desconocidos me tocan la panza sin permiso a lo que respondo horrorizada con gestos faciales. De las dementes que piensan que somos amigas porque estamos embarazadas. Me cuenta que ya está por recibirse. De Nahuel. De la casa. De que se olvida de pagar las facturas. De cosas íntimas.

Nahuel irrumpe la cena con un llamado telefónico. Finalmente nos puede hacer pasar a la apertura del Personal Fest. Nos dice que vayamos rápido. El mozo se empecina para que ello no suceda. Tomamos un taxi. El taxi agarraba todos los pozos y frenaba abruptamente en todas las esquinas. Le explico que tenga más cuidado. Que estoy embarazada. Maneja entonces a 2 por hora causando que hubiéramos llegado más rápido caminando.

Nahuel nos esperaba en la puerta. Entramos. Nos dan unas pulseras.
Era en La Trastienda. Estaba semi-vacío. Poca gente casi nula fumando. Una banda inglesa tocando frente a una platea de 15 adolescentes desaforados, los únicos que pagaron por estar allí. Eran los Mistery Jets averiguamos después.

La bebida era gratis. Hasta subimos al VIP como medio segundo, aunque todo era como un GRAN VIP. Bailamos chiquito al lado de Pancho Dotto y su séquito de modelos platinadas y raquíticas.

Y nos decíamos la una a la otra. Pero que TOP, somos topísimas.

Sirvieron repentinamente unos ñoquis y pollo. El aroma me revolvió el estomago y debimos retirarnos.

Pero Mini me tuvo su primer recital, y su primera fiesta top en un lugar ideal para él/ella gracias a Manuela y Nahuel.

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